domingo, 23 de octubre de 2016

Isla de Pascua día 3: Rano Raraku y volcán Terevaka

Hoy madrugamos mucho, queremos ver el amanecer en Ahu Tongariki y para eso hay que levantarse cuando todavía es de noche.



Cuando llegamos al centro ceremonial ya había muchos turistas expectantes. 

Venir a ver el amanecer aquí es algo muy típico en la Isla de Pascua, aunque hay que saber que los mejores amaneceres son entre el 21 de diciembre y el 21 de marzo. Es durante estos días cuando el sol sale justo por detrás de los moais.

 La experiencia de estar en ese lugar es extraordinaria.
Alli estuvimos unas horas disfrutando una vez más de este sitio.

Después, a las 9:00 abrían el recinto del Volcán Rano Raraku, donde se encuentra la cantera desde la cual tallaron y salieron todos los moais de la isla (unas 1000 estatuas durante toda la historia de los Rapa Nui)



Hay que tener en cuenta que Rano Raraku es la visita más importante de la Isla de Pascua, y es la única que no se puede volver a entrar con el pase del Parque Nacional. 
Si quieres entrar por segunda vez has de pagar de nuevo.

El sitio es alucinante, el sendero discurre entre incontables cabezas de piedras que salen de la hierba como si fueran árboles



Una vez tallados aquí, se enviaban a cualquier punto de la isla donde se había encargado su fabricación para honrar la memoria de sus antepasados.



Desde el año 1000 y hasta el SXVIII, los Rapa Nui dedicaron cuerpo y alma y de manera casi obsesiva a extraer estatuas gigantes de esta cantera. La pregunta es ¿por que invirtieron tanto tiempo y esfuerzo a esta dura tarea? 




Se cree que fue por el profundo respeto que sentían por sus antepasados. Honrarlos con estas estatuas hacía que los antepasados les proporcionaran protección con su poder espiritual (mana)



Estos moais se tallaron pero nunca se trasportaron a los lugares que los habían solicitado. ¡En total hay casi 400 moais en esta cantera!


Muchas de estas estatuas fueron talladas para permanecer aquí en el volcán y no para ser llevadas a algún Ahu de un pueblo. Esto se sabe porque al desenterrar alguno de estos moais, tenían la base terminada con forma de lanza para clavarse en la tierra para siempre.


La gente se piensa que los moais son solo cabezas, sin embargo varias excavaciones revelaron que la cabeza es solo un tercio de la estatua: (imágen de internet)

moai de 12 metros
Al haber permanecido enterrados, estos moais conservan unos grabados preciosos en sus espaldas: (imagen de internet)



Continuamos el sendero que asciende hacia la pared de la montaña, donde se pueden distinguir varios moais a medio tallar sobre la roca de la montaña.

Unos se encuentran en horizontal, otros en vertical. En esta imagen se ven dos estatuas a medio tallar que todavía no se han extraído de sus nichos:

Mas adelante vemos otra de estas estatuas inacabadas, se llama Te Tokanga (el Gigante) y es colosal: Mide 22 metros y pesaría unas 200 toneladas.
Se cree que los Rapa Nui desistieron y abandonaron esta estatua al darse cuenta que no tenían medios de levantar este coloso de roca. Otros piensan que fue tallado como una especie de petroglifo en memoria de alguien importante.
El Gigante
Sin duda alguna, Rano Raraku es uno de los sitios arqueológicos más extraordinarios del mundo



Después de caminar por los senderos de la cantera, subimos por un camino hasta llegar al cráter del volcán Rano Raraku que estaba cubierto por agua. 

En la isla no existen ríos, por lo que este es uno de los pocos sitios de la isla donde se acumulaba agua dulce de las lluvias.

Al terminar esta inolvidable visita, nos pusimos rumbo para subir el punto más alto de la isla. El volcán Maunga Terevaka.
Para ello hay que conducir y aparcar junto al Ahu Akivi, lugar que ya visité en mi primer día (los moais que miran al mar)



Desde aquí sale un camino indicado hacia la cima del Terevaka:



En el cráter del pequeño volcán había un peculiar árbol.





Creo que tardamos 90 minutos en llegar a la cima, que tiene una altitud de 511 metros sobre el nivel del mar. Es un camino muy sencillo de unos 4 km desde el Ahu Akivi.
Las vistas desde arriba son geniales




Con una panorámica de 360 grados, se ve toda la inmensidad del Océano Pacifico rodeando la pequeña isla. 
La sensación de que estás en un trozo de tierra remoto en medio del océano es increíble.





Para rematar el día, aparcamos en Hanga Roa y fuimos a ver la puesta de sol al cercano Ahu Tongariki



Allí estuvimos hasta que se hizo de noche, disfrutando de los preciosos colores del cielo al atardecer



Hoy el día lo empezamos viendo siluetas de moais sobre el amanecer, y lo terminamos viendo siluetas de moais al anochecer




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